Un día más ha sonado el despertador.
Pero no, no era un día más, hoy era mi último día de trabajo hasta septiembre.
El día se me ha hecho eterno, cuando sabes que son las últimas, las horas parece que no avanzan. Además casi todo el mundo empezaba sus vacaciones mañana, por lo que la única atacada por salir, la única que no se podía concentrar era yo.
He saboreado y disfrutado ciertos momentos: recoger la mesa, tirar papelotes, borrar emilios, llevarme mis cd's y otras cosas. Daba la sensación de que me iba para no volver (ojalá).
Odio las despedidas. Sobre todo con esos falsos con los que no hablas en todo el año y que luego se ofenden si te vas sin darles los dos besos de rigor y contarles dónde te vas. Joer si os interesara ya sabríais dónde me voy, con lo plasta que me pongo cuando preparo un viaje y cuando definitivamente lo cierro.
Como casi nadie se iba he podido pasar desapercibida y no me he despedido de casi nadie, solo de los que no me quedaba más remedio y por supuesto de Mis Chicos Favoritos.
Ellos son los que me ayudan a soportar el trabajo diario. Me hacen reir, me dicen cosas bonitas (a veces también malas), me miman, me tratan como una reina.
Por ellos merecerá la pena volver dentro de un mes. Pero sólo por ellos.
Esta es la última vez que hablo del trabajo hasta el regreso.
Desconecto completamente.
Durante un mes olvido que trabajo allí, a hora y media de mi casa, por una mierda de sueldo y con una jefa a la que le tengo que decir yo qué hay que hacer y cómo hay que hacerlo.
Durante un mes soy mucho más feliz.
Porqué no serán tres meses como cuando estudiaba?
