Ya se me han acabado las lágrimas. No he podido evitarlo y al final he montado el numerito en la cena. No me gusta que me vean llorar pero por lo menos las he gastado todas y me he desahogado. Sigo nerviosa pero más aliviada.
Lo peor de todo es saber que esto que las provoca es una ridiculez. Tanto que me da vergüenza decirlo. Hay muchas cosas más graves por las que llorar, pero soy débil, muy débil.
Mañana será otro día. Mañana voy a intentar verlo todo de otro color. Tengo que intentarlo.
