Hoy es 13 de julio de 2003. No quiero ni pensar todos los días, horas, minutos y segundos para que acabe el 2003. El año más aburrido de toda mi vida.
Necesito que acabe ya. Pensar que el próximo año será mejor, que con el 31 de diciembre se terminará el año y con él se llevará esta nada que me invade, que me ahoga, que me adormece y hace que no sea capaz de hacer nada por salir de ella.
Las vacaciones se acercan y ni siquiera eso me alegra.
Por favor, 2003 muérete ya, multiplícate por cero, déjame en paz.
Hoy me siento la protagonista de la canción de Astrud:
Tres años harto
Hace tres años todo parecía perfecto,
y no quiero ocultar
que siempre hubo un matiz
o la sombra de una duda
y aunque eso nunca me detuvo
sí que tuve ocasión
de no poder evitar
el sentirme algo peor
y el pensar que algo iba mal
al ver que nada parecía ir mejor.
Hace dos años
todo parecía un desastre
pero yo seguía allí
inventando excusas
y creyéndomelas luego,
y convenciendo a mis amigos.
O eso creía yo:
mis amigos preferían
ponerse en lo peor,
y lo peor se parecía mucho
a verme afrontar la situación
de cómo confesar
que llevo dos años harto
y este es el tercero.
Y no está bien y está bien.
Pronto hará un año
que me puse un año de plazo
para trazar un plan
sobre cómo iba
a cambiar la manera
en que funcionan mis cosas,
y el año acaba ahora
y todavía no estoy listo
para tomar decisiones importantes
por mí mismo,
y casi que voy a esperar un año
a ver si todo empieza a mejorar.
