- Cualquier día tenemos un disgusto de verdad. La alarma de incendios (esa que suena cada dos o tres semanas y siempre es mentira) no ha sonado.
- Ni las catástrofes consiguen quitarme el apetito.
- El mito de que los bomberos son guapos y cachas es mentira. En cambio hay municipales que están muy buenos.
- Desconfio de la gente que es demasiado amable en la primera conversación (esto ya lo sabía, en todo caso lo he confirmado una vez más).
