4.5.06

Querida M.

Después de dos años de ausencia, de distanciamiento, no entiendo tu regreso.
Puedo entender que comiences a acercarte poco a poco pero lo que no puedo comprender es que trates de volver de golpe, a la fuerza, imponiendonos tu presencia y haciendo como si nuestra última conversación normal (es decir, no como las de ahora, más parecidas a conversaciones de ascensor que otra cosa) hubiera sido ayer cuando la realidad es que no tienes ni la menor idea de todo lo que me (nos) ha pasado en estos dos años.
Pero no es solo que no lo comprenda y que me cueste aceptarlo. Es que además yo ya nunca voy a confiar en ti. Puede que con el tiempo, si haces bien las cosas, por lo menos mantengamos una amistad cordial y superficial, de las de echarse unas risas tomándose unas cañas, pero de ahí no pasará la cosa.
Y por eso sé que mañana me voy a sentir como una falsa. Porque quedaremos contigo, sí, pero las cosas ya no son las mismas, porque habrá muchas cosas que me calle, porque ya no me siento cómoda contigo, porque ya ha pasado el tiempo en el que cualquier plan daba igual si era contigo.
Y preferiría no hacerlo, no vernos y no seguir hablándonos pero tampoco puedo hacer eso porque en el fondo no me has hecho nada malo como para no dirigirte palabra, lo único que hiciste fue hacer que me diera cuenta de que yo no te quería como amiga.
De este modo, como no hay nada que pueda hacer, me limito a escribirte aquí lo que de momento no creo que merezcas saber.