La última vez que pasó, me sentí culpable. Porque, aunque no lo empecé, en cierto modo quizás yo lo había provocado y sabía que no era lo mejor para él y no quería hacerle daño ni confundirle más.
Así que estaba decidida a que no volviera a pasar. Por mucho que a mi me apeteciera.
Y le volví a ver. Y volvió a pasar. Fue él. Y lo paradójico es que al final, el daño me lo he llevado yo.
Porque además, él ha cambiado, ya no es la persona que yo conocí. Y puede que ese cambio sea lo que necesita. Pero a mi no me gusta ver en qué se ha convertido ni me gusta el papel que me ha tocado interpretar en esta nueva etapa de su vida. Así que quizás yo también tenga que tomar una decisión que lo cambie todo entre él y yo.
Todo es confuso. Todo es una mierda.
