Hay situaciones en las que uno desearía que alguien le dijera exactamente qué debe y qué no debe hacer, qué es lo correcto, solo por miedo a equivocarse y hacer daño o recibirlo aún sin mala intención.
Esto no es posible así que la única opción es avanzar, aunque sea a ciegas, guiándose por lo que dicte el corazón y cruzando los dedos para que todo salga bien.
Eso hago. Confio en que saldrá bien.
Para Rob Gordon
